«Y es que a veces, para estar más tranquilos, nos obligamos a nosotros mismos a dejar de sentir, a esconder nuestras emociones, pensamientos y recuerdos en un baúl... Lo peor y más doloroso es que este baúl, tarde o temprano, tiene que abrirse, si no queremos quedar enterrados junto a él.»
La vida que perdimos, escrito por Linday Lorens, capítulo 6