Querido Lector,
Resulta curioso que la señorita
Aurora Bridgerton, célebre por
su impecable juicio y su refina
da crianza, muestre tanta consi
deración por el conde Atlas
Hawthorne; un caballero cuya
fortuna y título no se remontan
más allá del campo de batalla.
A decir verdad, su trato es ama
ble, su conversación mesurada
y su presencia sorprendente
mente ligera para alguien forja
do en circunstancias tan poco
delicadas. Y, sin embargo, este
autor no puede evitar pregun
tarse si tal compostura es fruto
del carácter… o simplemente
una disciplina aprendida lejos
de los salones. ¿Puede un hom
bre hecho en la guerra sostener
con igual gracia el futuro de
una de las familias más respeta
bles del Ton?
Atentamente, Lady Whistledown.