—¿No sientes un déjà-vu, joyita? —preguntó manteniendo su sonrisa y en un tono totalmente ajeno al momento. Refiriéndose a probablemente aquel primer encuentro donde, al igual que ahora, él era amenazado por la de cabellos castaños para dejarla ir. Claro que ambos momentos tienen sus diferencias, todo era tan distinto pero igual a la vez. Al escuchar sus siguientes palabras, sólo sintió su corazón latir con más fuerza e, impulsado por este sentir tan extraño, avanzó como si no tuviera en cuenta que aquel filo empezaría hacer contacto con su cuello, ya poco le importaba de todos modos lo que pasara con este. Ahora se atrevía a decir con seguridad que prefería morir a tener que separarse de ella y, que estaría feliz de morir a mano suya.
Una pequeña herida comenzó a abrirse, dejando salir un hilo de sangre que por ahora, era de lo más mínimo.
—No te quiero dejar dejar sola. ¿Tienes algo que hacer? Bien, te acompañaré, pero si no quieres... —cerró su ojo e inclino la cabeza para atrás, un poco, al tiempo que respiraba profundo. —No te culparía, no te culparía jamás por "hacerme daño".