No había dicho nada porque, sinceramente, no sabía qué decir.
Estos días han sido difíciles para todos. No es un secreto que Venezuela está atravesando un momento crítico, uno que, sin duda, vuelve a marcar profundamente a quienes somos venezolanos. Es otra historia más que se suma al legado de un país que ha tenido que soportar demasiado.
Un país golpeado, porque cada vez que creemos que por fin tendremos un poco de paz, algo vuelve a arrebatárnosla.
Como venezolana que hoy no está en su país, siento una impotencia enorme. Me desespera no poder estar allá con los míos y aportar, aunque sea, un granito de arena.
Pero también sé que las redes sociales pueden hacer una gran diferencia. Si está dentro de tus posibilidades, por favor, dona. Se han habilitado centros de acopio en distintos países, y cada ayuda, por pequeña que parezca, puede cambiar la vida de alguien.
Y si estás en Venezuela, por favor, cuéntame cómo te encuentras.
Hasta hoy, tres días después de la tragedia, seguimos sin saber nada de mi primo. Y así como mi familia, hay miles de personas esperando una llamada, una noticia, cualquier señal de sus seres queridos.
Por eso, aunque sientas que no puedes hacer mucho desde donde estás, recuerda que compartir información también ayuda. A veces, una publicación puede llegar a la persona indicada y convertirse en la esperanza de alguien que lo perdió todo.