Vivimos en una sociedad marcada por profundas diferencias: clases baja, media y alta.
Tres formas de vida. Tres realidades distintas. Tres mundos que, a primera vista, parecen no tener nada en común.
Sin embargo, más allá de las diferencias económicas, existe algo que nos iguala.
Compartimos valores, principios, temores y aspiraciones. Amamos, perdemos, luchamos y volvemos a empezar. Y aunque las oportunidades no sean las mismas para todos, el lugar de origen no debería determinar hasta dónde podemos llegar.
Esta historia habla de mujeres.
Madres independientes que decidieron criar, trabajar, luchar y construir un futuro para sus hijos. Mujeres que, aunque nacieron en circunstancias diferentes, comparten un mismo anhelo: formar una familia y encontrar en ella un lugar al que puedan llamar hogar.
Algunas tuvieron la oportunidad de vestir de blanco.
Otras nunca necesitaron un vestido para sentirse completas.
Algunas construyeron su familia junto a un hombre. Otras aprendieron a hacerlo solas.
Porque quizá la familia no tenga una única forma, ni el amor una sola manera de manifestarse.
Tres madres.
Tres realidades.
Tres cunas.
Y una misma pregunta: ¿qué estamos dispuestos a hacer por nuestros hijos?