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HE REVIVIDO

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nopuedeser ya me dio el bug >(
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art-hotori

YUUJIIIIIIINNNNNNNNNNN

art-hotori

Solo aparece cuando hacen listas de lectura y poco más, recuerdo que antes tambien podías ver las cosas que comentaban jajaj. Era divertido a veces.
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art-hotori

REAAALLLL, hay tanto de que hablar de ese cap, obviando el hecho de que borraron a Caine claro... me dejaron viuda de un lado JAJAJSJ al menos raggy sigue con más ganas de vivir que Jax. Ese we esta más de irse alv
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art-hotori

Fuerzas yujin!!! Yo tengo fe en que los trabajos son tu perra y no al revés, tienes todo mi apoyo siksi.
            
            Es para hacer una novela visual en la que me pueda besar a caine we
            Pero si, es bastante interesante, siempre me llamó la atencion eso de ser programador la vdd
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art-auhornet

El bosque tenía una engañosa calma cuando
          la bestia abrió los ojos. Su despertar no fue
          brusco ni mucho más, fue lento e instintivo.
          
          Primero fue su sentido auditivo; el roce de las
          hojas secas que eran arrastradas por diminutos
          insectos, el crujido de una rama a la distancia
          que cedía bajo el peso de algo más pequeño,
          el pulso constante y grave de la tierra húmeda.
          Luego fue el olfato; tierra, musgo... agua que
          estaba estancada a lo lejos, y debajo de todo,
          el persistente y teniendo rastro que llevaba
          días siguiendo.
          
          {ㅤSeda.ㅤ}
          
          Claro que, no era seda cualquiera. No era esa
          vegetal, ni siquiera la de los capullos silvestres
          de otros seres vivos, está… era más densa y
          calida. Bastante familiar.
          
          Permaneció boca arriba un momento, inmóvil sobre una
          raíz gruesa que había elegido como un lecho improvisado.
          Había dormido muy apenas lo necesario, nunca le gustó
          dormir demasiado cuando se encontraba sola; sabía bien
          que un sueño profundo la hacía vulnerable ante otros
          depredadores o… ellos.
          
          Su cuerpo bestial descansaba oculto bajo su preciada
          capa la cual llevaba siempre sobre los hombros, cubría
          una buena parte de su torso y espalda así como sus muslos,
          cayendo en pliegues oscuros sobre la tierra como una
          extensión totalmente natural de sí misma, y la superficie
          lisa de su cráneo reflejaba la luz filtrada del dosel.
          Sus sentidos volvieron a reaccionar; primero el oído,
          luego el olfato… y por último el cuerpo entero.
          
          Se incorporó con mucha fluidez, apoyando sus garras
          en aquella raíz y levantándose sin esfuerzo aparente.
          Las correas cruzaban su torso bajo la capa, firmes, bien
          ajustadas y de manera muy práctica: llevaban frascos que
          para su perspectiva eran pequeños, herramientas simples,
          una bolsa de cuero curtido, y detrás, alineada en diagonal
          a lo largo de su espalda para que no interfiriera con el
          movimiento, su también preciada aguja.

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—«¿Por qué irse?» –la pregunta fue bastante simple en su mente—«¿Por qué no conmigo?» –la presión en su pecho se intensificó apenas un poco más—«No agrada.» –
            
            No sabía que aquello tenía un nombre, no entendía que
            esa necesidad constante de la presencia de la morena
            bien podría ser algo más que costumbre. Solo sabía
            que el mundo sin ella era más pesado para su ser.
            
            De repente, el viento cambió y el rastro se hizo más claro,
            más reciente. La bestia se quedó quieta un instante para
            después agacharse y tocar la tierra. Era una pisada,
            ligera y firme. Ella estaba cerca.
            Su pulso entonces se aceleró un poco, era apenas
            perceptible. Ajustó la capa sobre sus hombros y después
            comprobó la posición de la aguja detrás de su espalda,
            los frascos tintineaban suavemente contra las correas.
            
            A decir verdad, no sabía qué era lo que iba a decir
            cuando la encontrara, probablemente poco o…
            quizás nada. Pero la encontraría a como diera lugar.
            Aunque no supiese leer, entender las palabras o incluso comprender por qué la morena necesitaba espacio.
            
            La bestia sabía seguir cualquier rastro e incluso
            proteger a otros, y sabía que su mundo no
            estaba bien cuando Lace no estaba en él.
            
            Se lanzó nuevamente hacia adelante, deslizándose
            por el área mientras la tarde comenzaba a morir tras
            los árboles. Avanzaba llevando consigo esa certeza
            simple, primitiva y firme de sí.
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La bestia saltó desde una roca alta y aterrizó en cuclillas
            en un claro más bajo. Y permanecido ahí, inmóvil,
            solo escuchando. Era un grupo de criaturas pequeñas
            que husmeaba entre los arbustos; una levantó la cabeza
            pero ya era demasiado tarde. La más alta se movió tan
            rápido como pudo, un golpe preciso con la base de la
            aguja fue suficiente. Agarró a la presa y la guardó en la
            bolsa de cuero tras asegurarse de que el cráneo estaba limpio.
            
            El mundo seguía siendo lo que era. Había que comer, había
            que vigilar, tenía que sobrevivir. Y así fue, solo continuó.
            
            Para más tarde, el sol descendía lentamente
            haciendo que las sombras se alargaran.
            
            Ella pensó en su compañera. En su altura menor a la
            suya, en aquella piel morena bajo la luz del fuego que
            siempre veía, en ese cabello castaño oscuro rizado
            cayendo sobre los hombros cuando entrenaban y en…
            esa mirada blanco-plata que parecía reflejar algo que
            la bestia nunca lograba comprender del todo.
            Los humanos que había visto no tenían los ojos
            de ese color, pero la menor era humana; era fuerte,
            extraña, diferente, pero humana al fin y al cabo,
            al menos para Hornet así era.
            
            No tenía idea y ni siquiera sabía que era un Velyr,
            no tenía conocimiento conciso sobre la seda encarnada
            ni de razas creadas artificialmente. Lo único que sabía
            es que la morena existía y, que era importante para
            ella… demasiado importante.
            
            Se detuvo en un arroyo poco profundo, se inclinó y bebió
            directamente del agua que corría por ahí. El reflejo le
            devolvió su propia imagen; su cráneo blanco e inexpresivo,
            sus ojos afilados y el pelaje oscuro que contestaba con su
            capa roja la cual causa sobre sus hombros.
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            Lace había hablado rápido, con esa firmeza
            tan contenida que precedía a su retirada.
            
            —“No puedes estar decidiendo por mí, Hornet” –
            —“No soy algo que puedes estar arrastrando contigo todo el tiempo.” –
            —“No siempre voy andar detrás de ti cómo una niña pequeña.” –
            
            Hornet no había respondido mucho esa vez.
            Cuando algo era importante, sus palabras siempre eran
            escasas, prefería actuar antes que decir algo al respecto.
            
            Sólo había intervenido antes un peligro que había visto mucho antes que la morena. Para ella eso era proteger. La estaba protegiendo… ¿No?
            
            Pero Lace lo había llamado “control”.
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