Ese instante en que la frustración real no es ser más inteligente para tener éxito, sino ser más inteligente para poder apreciar los detalles y matices, crear caminos entre campos, y establecer un corpus de conocimiento que dé sentido a mi visión del mundo. Actualmente no veo mejor que un ciego; vivo sumida en una ignorancia oscura como la boca de un lobo, y me escuece encontrar limitaciones en mi propio entendimiento.