joinmeind6ath

Lo había olvidado. O al menos eso quiso creer: que lo había desechado como un pedazo de papel viejo, inútil, condenado a la insignificancia. Le había ofrecido su fe, su devoción, sus más preciadas ofrendas… para que de la noche a la mañana todo se esfumara como arena filtrándose entre los dedos.
          
          Pero él no era ese quien olvida. Velkhan jamás borraría de su memoria al único ser que alguna vez había logrado despertarle un eco diferente, un sonido extraño dentro del pecho, una vibración casi humana. Su corazón —si es que aún podía llamarse así a ese órgano dormido en su divinidad— latía con un temblor irreconocible. Corría dentro de él el caos de un maratón eterno, y era absurdo: nada debería alterar a un dios. Y aun así, solo un mortal tenía ese poder.
          
          Un campesino. Un humano. El mismo que ahora le despertaba amor, resentimiento y obediencia; una mezcla impura, violenta, irreconciliable… y deliciosa.
          
          Sus movimientos eran suaves, casi ceremoniales. El cucharón se deslizaba dentro de la olla mientras preparaba la comida para el regreso de su «amado». Un sueño… un mundo onírico al que solo uno debería tener acceso. Pero él, terco y soberbio, había decidido colarse. Debía hacerlo, ¿no? Debía recordarle a ese hombre sencillo quién era él. Y de quién era él.
          
          La risa infantil lo arrancó de su trance. Un «¡Papá!» agudo, vibrante, inocente.
          
          Su mirada se giró y encontró al hombre que una vez lo había hecho latir. Una sonrisa lenta, casi ensayada, suavizó sus labios mientras avanzaba con la seguridad de un depredador que se disfraza de consuelo. Sus brazos rodearon el cuello ajeno; sus labios, en un acto calculado, rozaron su mejilla.
          
          —Bienvenido a casa, cariño —susurró, modulando su voz hacia una dulzura femenina, cálida, casi perfecta.
          
          Si quería doblegarlo, primero lo envolvería en miel. Había mil formas de quebrar a un hombre. Velkhan solo eligió la más dulce.

bloodhysteria

La palabra papá retumbó en su cabeza como si perteneciera a otra vida. Jasper parpadeó, desconcertado, sintiendo que el aire del lugar era demasiado cálido, demasiado perfecto, demasiado… falso. Sus manos temblaron ligeramente cuando la figura más grande se acerco a él. La risa infantil se le clavó en el pecho con un nudo indescriptible. Pero no tuvo tiempo de ordenar sus pensamientos.
            
            Los brazos ajenos lo rodearon con un movimiento que él conocía demasiado bien, aunque no recordaba por qué. El roce peligrosamente suave en su mejilla lo obligó a contener la respiración. Sintió un escalofrío subirle por la espalda como si manos invisibles lo hubieran acariciado desde dentro.
            
            El “cariño” lo atravesó como una flecha, no por dulce… sino por íntimo. Jasper se puso rígido al instante. El brazo ajeno alrededor de su cuello, la mejilla cálida rozándole la piel, ese tono demasiado familiar… todo era demasiado.Se separó, no bruscamente, pero sí con una torpeza evidente. Retrocedió un paso, casi tropezando con el suelo que ni siquiera era real.
            
            ──── Ah ────… yo… ────bajó la mirada, las orejas rojas como si lo hubieran atrapado desnudo──── perdón.. ──── Murmuró por lo bajo, la garganta se le cerró en el momento en que pronuncio su disculpa. Por vergüenza la palidez de sus mejillas fue envuelta por un tono rojizo, después de todo jamás ha experimentado tanta cercanía. 
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bloodhysteria

Jasper abrió los ojos… y tuvo que parpadear varias veces, no recordaba cuándo había sido la última vez que soñó algo. Quizás hacía años, tal vez desde que dejó la guerra, o desde que dejó de rezar. ¡Pero esto!... Esto no se sentía como un sueño; El aire tenía olor penetrante a leña, a campo, a flores en plena primavera. Sus pasos crujían sobre la tierra del sendero, incluso podía sentir el viento frío moviendo su cabello.
            
            Con el ceño fruncido, avanzó por el pequeño camino rodeado de árboles. Y entonces la vio:
            una casa que jamás había visto en su vida, no era su cabaña, no era ninguna casa del pueblo donde vivía, y ni siquiera era del estilo de construcción del reino en el que antes servía. Jasper se quedó un momento quieto, observándola con esa mezcla de prudencia y curiosidad que lo caracterizaba. Algo en él decía que debía retroceder… pero también sintió un tirón en el pecho... Como si alguien lo estuviera llamando suavemente. Entonces dio un paso, luego otro, abrió la puerta sin saber por qué.  Sus ojos rápidamente captaron la imagen de un niño pequeño, que lo miró con ojos brillantes y una figura adulta, hermosa, delicada, con una calidez que lo desconcertó. Eran dos personas desconocidas, completamente desconocidas, ¿Porqué en su pecho florecía una calidez reconfortante al verlos?
            
             El latido en su pecho se volvió violento. "¿Qué demonios es esto?" Pensó. 
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