la música se derramaba por el salón con un volumen discreto, aunque denso, casi opresivo; un pulso grave que parecía adherirse a las paredes, al cuero de los sillones, al cristal de las copas y al humo tenue de las luces bajas. el evento se celebraba en el bar privado de un recinto reservado únicamente para invitados selectos: una de esas reuniones cerradas a las que solo tenían acceso los jugadores que el departamento de scouting global había señalado como las promesas más brillantes de su generación. lugares concebidos menos para el esparcimiento que para la conveniencia, donde representantes, patrocinadores e incluso ciertos directivos celebraban sus supuestas 'reuniones de equipo' cuando no deseaban ser vistos en un bar ordinario, al alcance de ojos indiscretos.
el bartender, silencioso y eficaz, tenía al alcance de la mano cualquier bebida ilícita que pudiera imaginarse, y cerca de la barra reposaban un par de hieleras colmadas de botellas intactas, todavía sin estrenar, como si aguardaran la caída definitiva de la noche para ser abiertas. fuera del establecimiento, alineadas con la precisión de una escolta, descansaban varias camionetas negras junto a hombres de seguridad vestidos con sobriedad, discretos pero demasiado atentos para pasar inadvertidos del todo.
el nihon no conservaba suficiente paciencia o demasiada voluntad para recordar con exactitud en qué punto la velada se había prolongado hasta tan tarde entre aquel bullicio impostado. no había acudido por deseo propio.. si estaba allí, era únicamente porque a los directivos les fascinaba reunir a los más célebres nacientes bajo un mismo techo, apilando talento en una misma habitación como si bastara para producir grandeza. durante buena parte de la noche permaneció sentado en una mesa apartada, hundido en un sillón de cuero oscuro y rodeado de los jóvenes prodigios cuyos rostros reconocía sin esfuerzo, aunque no los considerara en lo más mínimo dignos de su interés.