bunbunis

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itoshisaez

olasí aki damos rol

itoshisaez

TRES VECES ME DIO LIMITE D PALABRAS. Q bronca encima es solo un diálogo JAJAJAJ
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itoshisaez

d algo me tenía.q servir aprender a narrar
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itoshisaez

q mrda será scouting global busqué en google quién organiza el mundial aparte de la fifa 
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itoshisaez

la música se derramaba por el salón con un volumen discreto, aunque denso, casi opresivo; un pulso grave que parecía adherirse a las paredes, al cuero de los sillones, al cristal de las copas y al humo tenue de las luces bajas.  el evento se celebraba en el bar privado de un recinto reservado únicamente para invitados selectos: una de esas reuniones cerradas a las que solo tenían acceso los jugadores que el departamento de scouting global había señalado como las promesas más brillantes de su generación.  lugares concebidos menos para el esparcimiento que para la conveniencia, donde representantes, patrocinadores e incluso ciertos directivos celebraban sus supuestas 'reuniones de equipo' cuando no deseaban ser vistos en un bar ordinario, al alcance de ojos indiscretos.
          
          el bartender, silencioso y eficaz, tenía al alcance de la mano cualquier bebida ilícita que pudiera imaginarse, y cerca de la barra reposaban un par de hieleras colmadas de botellas intactas, todavía sin estrenar, como si aguardaran la caída definitiva de la noche para ser abiertas.  fuera del establecimiento, alineadas con la precisión de una escolta, descansaban varias camionetas negras junto a hombres de seguridad vestidos con sobriedad, discretos pero demasiado atentos para pasar inadvertidos del todo.
          
          el nihon no conservaba suficiente paciencia o demasiada voluntad para recordar con exactitud en qué punto la velada se había prolongado hasta tan tarde entre aquel bullicio impostado.  no había acudido por deseo propio..  si estaba allí, era únicamente porque a los directivos les fascinaba reunir a los más célebres nacientes bajo un mismo techo, apilando talento en una misma habitación como si bastara para producir grandeza.  durante buena parte de la noche permaneció sentado en una mesa apartada, hundido en un sillón de cuero oscuro y rodeado de los jóvenes prodigios cuyos rostros reconocía sin esfuerzo, aunque no los considerara en lo más mínimo dignos de su interés.

itoshisaez

fue entonces cuando, por el rabillo del ojo, distinguió al joven de hebras blancas aproximarse a la barra con esa calma insolente que parecía caracterizarlo.  el español pidió un trago con una sonrisa muerta, tenue apenas, que no expresaba alegría ni cortesía, sino una suerte de provocación silenciosa y de burla sostenida en la comisura de los labios.  no necesitó girarse del todo para saber que seguía mirándolo.
            
            y aún así, lo hizo.
            
            sus ojos se encontraron y la tensión se sostuvo durante un segundo exacto, sin vacilaciones. sus orbes esmeraldas mantuvieron la mirada con la serenidad glacial de quien no se siente intimidado, sin concederle al otro el menor gesto que pudiera interpretarse como incomodidad. 
            
            como si aquella insistencia no le afectara en lo más mínimo.  o al menos, no más de lo que estaba dispuesto a admitir.
            
            ──── ¿hasta cuándo piensas seguirme? ──── preguntó al fin, con una voz lo bastante alta para imponerse sobre la música y el murmullo del bar, pero sin perder por ello un ápice de su filo.  giró apenas el rostro para dedicarle una mirada fría, de esas que bastaban para hacer que cualquiera comprendiera que su presencia no era bienvenida y que, con un poco de juicio, lo más prudente sería retirarse y buscar otro lugar donde importunar.
            
            por desgracia, pocas criaturas resultaban más insoportablemente insistentes que aquel español.  quien parecía haber nacido con el único propósito de fastidiarlo.
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itoshisaez

recordaba fragmentos dispersos de la velada, casi inconexas.  al italiano de sonrisa insolente y dentadura dorada provocando al alemán de tatuaje con la obstinación propia de quien no teme recibir un golpe; alguna apuesta absurda, de esas a las que el otro terminaba accediendo por su orgullo antes que por deseo. la expresión crispada del alemán había bastado para volver el espectáculo brevemente tolerable.  no mucho después, ambos franceses se habían despedido con la misma falta de ceremonia con la que habían llegado, perdiéndose por separado entre los pasillos del recinto.  ninguno poseía un carisma que justificara su presencia más allá de sus nombres.
            
            al final, cuando la noche hubo comenzado a vaciarse de voces familiares y el ambiente adquirió ese cansancio propio de las madrugadas elegantes, el itoshi optó por abandonar la mesa y tomar asiento en uno de los bancos próximos a la barra libre.  su mano rodeaba un vaso de whisky que apenas había probado, con el ámbar inmóvil del licor casi intacto comprendiendo que había sido pedido más por costumbre social que por verdadero apetito.  nunca había sido un entusiasta del alcohol ni de ninguna de sus variaciones, y aquella noche no constituía excepción.
            
            sin embargo, había algo más incómodo que el sabor del whisky o la necedad de la reunión..  una mirada.  la había sentido sobre sí durante horas, persistente e irritantemente constante.  una presencia clavada en la nuca con una atención que no se deshacía ni con el paso del tiempo ni con el cambio de interlocutores.  se había esforzado en ignorarla con la misma frialdad con la que ignoraba casi todo aquello que no consideraba relevante, pero la sensación no había desaparecido, incluso parecía haberse aferrado a él con una terquedad insultante.
            
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