thevoidces

La cabeza de Noli descansaba sobre el pecho de 007n7 con una naturalidad casi absurda, como si aquello no desafiara toda lógica existente. La escena, vista desde afuera, habría parecido una ironía imposible de explicar: un dios —una entidad antigua, inmensa, algo que había sobrevivido a milenios enteros y observado civilizaciones nacer y pudrirse— acostado tranquilamente sobre un simple humano, escuchando los latidos frágiles y mortales de su corazón.
          
          Y, sin embargo, allí estaban. Bajo el mismo techo desgastado de aquella pequeña casa. Compartiendo la misma cama estrecha. Respirando el mismo aire tibio. Resultaba casi ridículo pensar en ello.
          
          ¿Cómo terminaba una criatura tan vasta, tan aterradora y poderosa, rindiéndose de aquella manera ante alguien tan insignificante comparado con él?
          
          Pero lo curioso era que Noli no sentía vergüenza alguna por eso.
          
          Ni enojo. Ni siquiera orgullo herido.
          
          Si era honesto consigo mismo, había encontrado en aquella absurda cercanía algo que jamás creyó necesitar. Una calidez pequeña y silenciosa que no se parecía en nada a la adoración fanática de sus seguidores ni al temor reverencial con el que tantos otros lo contemplaban.

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Aquello era distinto. Más íntimo. Más humano. Y quizás por eso mismo le resultaba tan peligroso.
            
            Algunos de sus tentáculos oscuros, de aquel profundo color carbón semejante a un vacío sin estrellas, se movieron lentamente sobre el cuerpo ajeno con una delicadeza impropia de algo nacido para destruir. Rozaban apenas la tela de su ropa, explorando su presencia con movimientos suaves, casi distraídos, como si temieran romperlo.
            
            Porque 007n7 se veía tan frágil desde allí abajo.
            
            Tan absurdamente vulnerable.
            
            El dios alzó apenas la cabeza, lo suficiente para volver a escuchar con claridad aquel sonido constante latiendo dentro del pecho ajeno. Bum. Bum. Bum. Un ritmo simple. Humano. Mortal.
            
            Y aun así, Noli lo encontraba fascinante, después de todo, los dioses no tenían corazones que sonaran así. No tenían algo tan limitado y vivo.
            
            Sus ojos permanecieron quietos sobre él durante unos segundos antes de hablar finalmente, con aquella voz baja y pesada que parecía deslizarse lentamente por la habitación.
            
            —Eres raro, 007n7…
            
            Había una extraña suavidad escondida entre las palabras, una que solamente aparecía cuando estaba con él.
            
            —¿Por qué dejar que un dios escuche los latidos de tu corazón?
            
            La pregunta quedó suspendida en el aire de la habitación mientras el silencio volvía a envolverlos lentamente.
            
            Porque para Noli aquello era incomprensible.
            
            Los humanos normalmente temían a los dioses. Se arrodillaban frente a ellos. Les ofrecían plegarias, sacrificios y templos. Pero 007n7… Simplemente lo dejaba quedarse allí. Recostado sobre su pecho. Escuchando algo tan íntimo como el sonido de su propia vida. Como si no hubiera nada aterrador en ello.
            
            Como si no temiera que un ser como Noli pudiera arrancarle el corazón del pecho con la misma facilidad con la que ahora escuchaba sus latidos. Y quizás eso era precisamente lo que más lo atraía. Que frente a él, Noli no era tratado únicamente como un dios.
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