Miró la hora en su teléfono «6:33 pm», había llegado demasiado temprano. Su turno acabó antes de lo habitual, por lo que se dió el lujo de llegar a su casa y tomar una ducha antes de arreglarse. Eligió algo simple, un pantalón de vestir negro, camiseta abotonada azul cielo y un par de zapatillas negras, intento ir por un «look» nada muy formal pero tampoco muy casual.
Con los nervios de llegar tarde a su primera “cita” salió una hora antes de lo acordado, por eso, ahora se encontraba sentado en una de las bancas de aquel parque, moviendo su pierna inquieto y esperando a su acompañante. Había quedado con el jóven que conoció hace un par de días en su lugar de trabajo, luego de la pequeña conversación que tuvieron intercambiaron números telefónicos, desde entonces no paraban de hablar. Admitía que hablar con el en sus tiempos libres le daba una sensación de calma, le hacía olvidar por completo su estrés en cuanto a sus horarios; sin embargo, también le hacia sentirse más ansioso por acabar cualquier cosa que estuviese haciendo, aún así, disfrutaba el tiempo que pasaba contando los pequeños detalles de sus vidas.
Mientras más pasaban los minutos, más pensaba en lo que pasaría. ¿Qué tiene que hacer cuando lo vea acercarse a él..? ¿Esperar sentado a qué llegara? Por supuesto que no, debe ser muy incómodo. ¿Levantarse y acercarse también? ¡No! ¿Qué si se tropieza con una piedra del camino y termina cayendo al piso? Sería tan humillante.. ¿Y si finge que no lo ve hasta tenerlo a un lado..? ¿No lo haría ver cómo un desinteresado? Oh, no... no, no y no. ¿Qué va a hacer durante su salida? ¿Cómo debe actuar? ¿Tiene que ser caballeroso, fingir tener experiencia? Jamás había salido con alguien que le llamase la atención, no quiere arruinarlo pero, ¿Qué se supone que haga?
Definitivamente, no debió salir de su casa tan temprano.