No es que fuera la primera vez que se transportaba tan lejos solo para dejar un cargamento de sus productos, sin embargo, sí que no conocía a estos nuevos compradores, por lo que, cuando se bajó de la camioneta cargada, con papel en mano no sabía si simplemente llamar la atención del hombre de cabellos rosáceos ; algo dentro de sí le decía que ... no era buena idea.
Pero, tampoco había nadie más ahí, así que, no existían alternativas. Suspiró, mientras mostraba la sonrisa más natural que podía fingir, saludando al otro hombre.
A ̥ ੭ ──── Disculpa, vine a dejar unos productos, ¿aquí es el lugar correcto? ; veo que, la repostería se les da de maravilla ...