Queridas lectoras y lectores lo suficientemente valientes como para no huir.
Soryn insistió en dejarles un mensaje antes de que empiece el capítulo.
Dice que es “para que entren en calor… y para ver quién se ruboriza primero”.
Así que sí, mejor dejémoslo hablar.
—Bueno, bueno… miren quiénes volvieron.
Pensé que después del último capítulo iban a desaparecer,
pero acá están.
Y sí… me fascina.
—Hoy me toca encargarme de un grupo de cadetes.
¿Entrenamiento? Claro.
¿Crueldad? Desde ya.
¿Disfrutar mientras los hago sufrir? Ni lo duden.
—Pero no se preocupen, mis lectoras.
A ustedes nunca las haría arrastrarse por el barro.
A menos que lo pidan
Mientras ellos gritan, tropiezan, sangran y se preguntan por qué los dioses los abandonaron…
ustedes pueden quedarse conmigo, cerquita, mirando cómo trabajo.
Les aviso algo:
cuando empiezo a ser cruel, me pongo… muy creativo.
Y sí, ya sé qué están pensando:
“¿Soryn… también harías eso con nosotras?”
—Tranquilas.
A ustedes solo las haría temblar de otra forma.
—Y antes de que alguien pregunte por qué soy así…
culpen a la autora.
Ella fue la que decidió darme esta cara, esta voz, este encanto indecente.
Yo no pedí ser irresistible, ¿saben?
Yo solo existo… y el resto cae por su cuenta.
No es mi culpa si suspiran, se ruborizan o siguen leyendo cuando deberían dormir.
Ella me escribió para eso.
Así que si se sienten tentadas, curiosas o peligrosamente interesadas…
no me miren a mí.
Mírenla a ella.
Atentamente,
Su Soryn