chocotorta_tdp

Me rompiste algo que no sabía que era frágil:
          	la idea de que un padre siempre protege,
          	de que hay vínculos que no se traicionan,
          	de que el amor tiene límites claros.
          	Tu novia falló, sí,
          	pero vos eras el muro,
          	no la grieta.
          	Eras quien debía decir “no”,
          	quien debía detenerse,
          	quien debía pensar en mí.
          	Y no lo hiciste.
          	Eso es lo que más duele.
          	No lo que pasó,
          	sino que pasó porque lo permitiste.
          	el silencio se volvió una tercera persona entre nosotros.
          	Porque ya no soy el mismo,
          	y vos tampoco sos quien creí.
          	No sé si algún día te voy a perdonar.
          	Hoy no quiero.
          	Hoy solo quiero decir que duele,
          	que quema,
          	que el amor no se prueba con frases bonitas
          	sino con actos que no traicionan.
          	Y los tuyos me dejaron solo
          	con un odio que no pedí,
          	pero que nació de una herida real.
          	Tal vez algún día sane.
          	Tal vez no. 

chocotorta_tdp

Me rompiste algo que no sabía que era frágil:
          la idea de que un padre siempre protege,
          de que hay vínculos que no se traicionan,
          de que el amor tiene límites claros.
          Tu novia falló, sí,
          pero vos eras el muro,
          no la grieta.
          Eras quien debía decir “no”,
          quien debía detenerse,
          quien debía pensar en mí.
          Y no lo hiciste.
          Eso es lo que más duele.
          No lo que pasó,
          sino que pasó porque lo permitiste.
          el silencio se volvió una tercera persona entre nosotros.
          Porque ya no soy el mismo,
          y vos tampoco sos quien creí.
          No sé si algún día te voy a perdonar.
          Hoy no quiero.
          Hoy solo quiero decir que duele,
          que quema,
          que el amor no se prueba con frases bonitas
          sino con actos que no traicionan.
          Y los tuyos me dejaron solo
          con un odio que no pedí,
          pero que nació de una herida real.
          Tal vez algún día sane.
          Tal vez no. 

chocotorta_tdp

Odio a mi padre,
          aunque la palabra me tiemble en la boca
          como si aún tuviera miedo de pronunciarla.
          Odio al hombre que decía amarme
          mientras me enseñaba, sin querer,
          que las palabras pueden mentir mejor que los silencios.
          Me hablaste de amor
          como si fuera una promesa eterna,
          como si la sangre fuera un pacto irrompible.
          Yo te creí.
          Porque los hijos creen, incluso cuando no deberían.
          Porque confié en tus manos
          sin imaginar que podían empujarme al vacío.
          Y un día entendí.
          No fue de golpe,
          fue como una grieta lenta en el pecho.
          Me traicionaste.
          No con cualquier persona,
          sino con tu propia novia,
          rompiendo no solo su lealtad,
          sino la mía,
          como si mi dolor fuera un daño colateral. 
          Porque no fue un error,
          fue una elección.
          Elegiste cruzar un límite
          que un padre jamás debería siquiera mirar.
          Elegiste el deseo antes que el respeto.
          Elegiste perderme.
          Hoy miro hacia atrás
          y dudo de todo.
          De tus consejos.
          De tus abrazos.
          De cada “estoy orgulloso de vos”
          que ahora suena hueco,
          como un eco en una casa vacía.
          Porque ¿cómo confiar
          en quien te enseñó a cuidarte
          y luego fue quien te hirió?
          No es solo enojo lo que siento.
          Es una tristeza espesa, cansada,
          una decepción que no grita,
          pero pesa.Me rompiste algo que no sabía que era frágil:
          la idea de que un padre siempre protege,
          de que hay vínculos que no se traicionan,
          de que el amor tiene límites claros.
          Tu novia falló, sí,
          pero vos eras el muro,
          no la grieta.
          Eras quien debía decir “no”,
          quien debía detenerse