te conte como me sentia viviendo en esta ciudad. Y tu ahora lo entendiste cuando cruzabamos la Alameda.
- me siento pequeño, como un bicho", me dijiste.
Esta ciudad no es indomable ni cruel, solo indiferente. Nunca fue mía ni de nadie, es una bestia muerta, no durmiente, aunque el incesante murmullo confunda al resto. Nunca pude tenerla, y aunque lo intente, todas mis marcas fueron borradas.
Nunca me abrazo, ni me reconocio como suya, como su habitante. Con rencor, me gusta creer que tampoco encontraria orgullo en pertenecer, que me envenené con las colmenas de edificios en sus cielos turbios, que odio a su gente y a todo aquel que yace hoy enterrado entre el taco matutino y el asfalto tibio de la noche.
Odio a Santiago por odiarme.
Y aun tengo pesadillas, donde incluso despues de muerta, mi alma no puede escaparse de la omnipresente Cordillera y queda ahi, atrapada eternamente en el limbo del smog.