voidcess

Un suspiro surgió desde lo más profundo de su pecho, emergiendo casi tímido, abriéndose paso entre sus labios, tembloroso y suave. Su cuerpo se movía apenas, delicadamente, y sus manos rozaban las sábanas con un cuidado instintivo, apretando la tela entre los dedos como si quisiera aferrarse a ese instante. El único sonido que parecía existir era el latido acelerado de su corazón, golpeando con fuerza contra sus costillas y mezclándose con la cadencia de su respiración, un ritmo que se convertía en música propia de aquel momento compartido. Se estremecía con delicadeza bajo la cercanía de su pareja, volviendo a sentir la calidez de sus manos en vueltas en sus senos, su tacto cuidadoso, que siempre tenía la capacidad de hacerla sentir vulnerable de la manera más tierna. Había algo en esa entrega que la doblegaba suavemente, y le gustaba sentirse así frente a él, segura en su vulnerabilidad, porque era él quien la veía y comprendía.
          
          El aire tibio de su aliento rozaba la piel ajena, recorriendo el cuello, y ella se hundía apenas ahí, dejándose llevar por la sensación de cercanía, mientras sus mejillas adquirían el rubor tímido de una rosa a punto de florecer. Sus ojos se mantenían entreabiertos, y un escalofrío suave recorría su espalda, una corriente nerviosa que se asentaba en su vientre. Cada pensamiento se centraba únicamente en él, en la presencia que la llenaba de calma y anhelo a la vez.

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Nunca le molestó atenderlo después de un día pesado; siempre estaba ahí, con gestos pequeños pero llenos de cuidado: caricias, abrazos, palabras susurradas, masajes que reparaban más que el cuerpo, que también tocaban el alma. Sentir su aliento mezclarse con el suyo, su cuerpos fundidos en esa misma necesidad y anhelo. Ahora, con la frente apoyada suavemente en su hombro, dejó que un tenue gemido se desvaneciera en el aire tibio, cálido, lleno de esa necesidad silenciosa y de una tímida vergüenza dulce, un sentimiento profundo que la envolvía.
            
            Se sentía, y estaba, más sensible de lo habitual, y eso no la incomodaba. Al contrario, había algo en esa vulnerabilidad compartida que la hacía sentirse aún más unida a él. Cada movimiento suave, cada roce inadvertido, parecía multiplicar la ternura, envolviendo ambos en un instante donde el tiempo se detenía. Sus manos y gestos, aunque sutiles, eran un reflejo de su entrega, de su deseo de estar cerca, de cuidar y ser cuidada, y hasta un leve balbuceo surgía entre la respiración entrecortada, fingiendo una molestia que no ocultaba su afecto. "ngh.. mhm.. voy a matarte.." 
            
            Y aún así, no importaba. Solo quería permanecer junto a él, seguir compartiendo esa cercanía que la llenaba de necesidad y emoción, que la mantenía viva en cada instante. 
            
            Lo extrañaba más de lo que podía decir, más de lo que podía pensar, y ahora, estando allí, deseaba prolongar ese momento, dejar que su presencia y la suya se entrelazaran, respirando al mismo tiempo, compartiendo el silencio, el calor y la certeza de que se necesitaban mutuamente.
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