d3ardlord
calakj
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calakj
había pasado un buen tiempo desde que empezara su búsqueda dentro de aquella caverna cercana, un espacio húmedo y pedregoso donde esperaba encontrar minerales mejores que los que ya guardaba en su morral. sin embargo, la suerte no parecía querer acompañarlo; apenas halló algo distinto de lo que ya tenía, y aun eso carecía del brillo que él esperaba. conocía al otro, a ese que insistía en vigilarlo como si fuese incapaz de cuidarse solo, y sabía que alejarse demasiado jamás sería una opción si no estaba bajo su mirada constante. pero él no era un niño perdido. sabía cómo protegerse. ¿por qué necesitaba ayuda en primer lugar? esa duda seguía rondándole, aunque prefería no decirla en voz alta. incluso cuando se le escapaban gestos o palabras vagas que revelaban un poco de su molestia, nunca se atrevía a expresar todo lo que pensaba. de cualquier modo, no le quedaba más que aceptar la situación y abandonar la caverna con las manos casi vacías. su pico, para colmo, ya estaba gastado y sin filo por el trabajo previo; apenas tenía fuerza para arrancar un poco más de hierro o desprender una piedra de las paredes oscuras. así, soltó un suspiro largo, lleno de frustración, y se dispuso a salir… hasta que un detalle lo dejó quieto: no estaba en el mismo lugar por donde había entrado.
se quedó inmóvil unos instantes, confundido, como si la cueva hubiera cambiado su forma mientras él exploraba. pero la sorpresa duró poco. algo más fuerte lo sacudió: una emoción repentina, casi infantil. sin pensarlo dos veces, dejó caer todo el equipaje que llevaba, abandonándolo sobre el polvo. frente a él se abría un sitio imposible de ignorar: un espacio repleto de slimes, criaturas gelatinosas que se movían, respiraban y vibraban con esa suavidad propia de los cuerpos hechos de masa viva.
¿Y si algo le había pasado?
Ese pensamiento cayó sobre él como un bloque de hielo atravesándole el cuerpo. Sintió un frío punzante instalarse en su interior. Si Avery se hubiera encontrado con aquel que la piel helada le dejaba, sería su perdición… y d3rlord3 lo sabía.
De pronto dejó de morder sus dedos ya lastimados. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: tomó con brusquedad la espada que siempre descansaba sobre la mesa y avanzó hacia la puerta. La abrió de golpe, sin vacilación, con el corazón desbocado.
Pero en cuanto su pie tocó el exterior… se congeló.
Su mente debía estar jugándole una cruel broma. La escena frente a él no tenía sentido, y aun así estaba allí, tangible y real.
—¿A…,Avery? —el nombre escapó de sus labios casi sin permiso, como un hilo tirado por el destino.
Porque frente a él, caminando tranquilamente hacia su hogar…
…estaba Avery.
Rodeado por un montón de slimes.
¿¡Por qué?!
¿¡Por qué Avery regresaba a casa acompañado por una multitud de slimes?!
Aquello tenía que ser una broma del universo.
Tenía que serlo.
Por primera vez —o quizá, si era honesto consigo mismo, por segunda ocasión en toda su existencia— el propio d3rlord3 sentía que los nervios lo devoraban vivo. Cada fibra de su cuerpo temblaba bajo un escalofrío que lo recorría como un veneno dulce y cruel; no quemaba, pero sí estremecía hasta el fondo de su ser.
Sus propios dedos se convirtieron en víctimas de esa ansiedad insoportable. Los llevaba a su boca y los mordía —no con brutalidad, sino con una inquietud casi infantil—, lo suficiente como para dejar pequeñas marcas rojizas sobre la piel sensible que sufría bajo sus dientes impacientes.
Caminaba de un lado a otro bajo el techo de aquella diminuta casita que ya no compartía con su soledad. No… ahora la compartía con aquel joven de tonos verdosos, de cuerpo maleable y flexible como slime, cuya presencia llenaba cada rincón incluso cuando no estaba allí.
Su mente giraba sin descanso, atormentándolo con pensamientos que se enredaban unos con otros. ¿Qué era aquello que lo tenía tan al borde del colapso? Oh… por supuesto. Solo podía ser él.
Avery.
¿Había sido una buena idea dejarlo ir solo?
Sabía bien que, en algún punto, su constante vigilancia debía resultarle sofocante. Tener ojos clavados en ti como si fueras un niño pequeño, como si no pudieras cuidarte solo… debía ser irritante. D3rlord3 lo comprendía, incluso si Avery jamás se lo decía en voz alta. Lo conocía lo suficiente para intuirlo por sus gestos, por sus silencios, por esas pequeñas expresiones que hacía cuando algo le molestaba.
Quizás por eso ese día decidió darle espacio. Permitirle respirar un aire distinto al suyo, caminar sin su sombra detrás. No lo decía nunca, pero en el fondo quería creer que lo hacía para protegerlo… aunque esa excusa comenzaba a resquebrajarse en su pecho.
Hola indígena
Si, sere tu cariñosa d paso
S m paro, checa eso
No t lo imagines pq yo t meteré mis dedos y otra cosa aunque no estes preparada ❤️❤️
Pq t ries <'333
JHAAJJSK olvide eso, pero vas bb un dia lo hare pq, soy muy cariñosa uwu
T sientas en mi cara y lo haces u///u
Pq escribes con l tetita
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