una vez dentro, este también se dispuso a hacer la misma labor. para su suerte, este era un campo en el que sabía desenvolverse con fluidez más notable, tampoco era el mejor chef de todos ¡pero se aseguraría de cocinar una exquisita carne! tanto que haría que su acompañante no quisiera dejar nada en el plato. motivado por la pequeña competencia que él mismo se imaginó, buscó todo lo que necesitaba; seleccionando la cantidad de piezas de cerdo necesarias para el consumo de ambos.
y mientras buscaba entre las gavetas algunos condimentos —batallando de por medio para llegar a las que estaban más altas—, le resultó inevitable no ponerse a pensar dónde se encontraba. no era alguien que alguna vez hubiera tenido muchos amigos, pese a que su personalidad energética y animada demostrase lo contrario; no sabría decir el por qué, tal vez ni siquiera lo había y solo se trataba de una mala suerte que parecía nunca acabaría. acostumbrado a la soledad, el silencio que lo seguía a cada nuevo mundo y el inalcanzable anhelo de algo que, pensaba, nunca alcanzaría.
sin embargo, allí estaba.
tras un evento que nunca imaginó que le ocurriría, haber superado cada obstáculo y horrores inimaginables, se encontraba ahí, no solo con vida para ver el amanecer una vez más, sino que también con la presencia de quien, sin esperarlo, se hizo un lugar en su corazón más rápido de lo que creyó. y deseaba fervientemente que no se fuera de allí pronto.
y mientras colocaba la carne ya preparada dentro del horno, después de cerrarlo y erguirse, volteó hacia su costado, pudiendo observar al más alto elaborar la otra parte del almuerzo. habría sido casualidad, quizás, el que justo coincidieran miradas en ese momento. achinó sus ojos, dedicando una sonrisa.
─── ¡no me quemaré, si eso es lo que te preocupa! ¿o temes que me vaya a algún lado?