«El suelo es un lodazal de sangre y barro. La misma que me brota de la nariz. La misma que escupo entre dientes. La misma que nace de mi ceja hasta manchar el parche. Fina lluvia cae sobre nosotros, pero ni en mis mejores sueños conseguirá apagar las llamas que devoran Hilltop. Alpha ríe con esa sonrisa ensangrentada por la que me duelen los nudillos. Y yo me arrastro por el fango para alcanzar el revólver de mi padre. No llego, está demasiado lejos, me arden las costillas y resoplo tirado en el suelo como un perro. En la distancia, una bota aprisiona el cañón del arma contra el césped.
No veo a Daryl, mucho menos a Dante y Gracie.
No tengo salida.
Se acabó, hemos perdido. Hemos vuelto a perder. Ha vuelto a ganar. Me lo ha arrebatado todo y ha vuelto a ganar. Mi amor, mi vida y mi pueblo. Otra vez.
Es cuando la lluvia, la sangre, el lodo y el sudor empapan mi ropa, cuando el pelo se me pega a la frente y las sienes, que una mano firme y de piel quemada se tiende ante mí. Otra vez.
Sonríe y alza el mentón con ese carácter maníaco tan suyo. Acepto su oferta y me ayuda a ponerme en pie.
Otra vez.
Frente a frente, gruñe esas tres simples palabras.
—Peor que ellos.
Jadeo. Escupo la sangre a un lado. Alpha ha huido. Fuego y lluvia. Vida y cenizas. Muertos y vivos.
Gamma y Tirano.
Sonrío.
—Peor que ellos —sentencio.
Desenfunda la espada y yo mi cuchillo. Áyax, Sigma o quién demonios sea ese sonríe con ojos muertos en vida.
Y Víctor y yo vamos a por él».
The Walking Dead: Nuevo Mundo.
Capítulo 39. Peor que ellos.