La primera vez que me dejé llevar y le mamé el culo a alguien, fue como descubrir un nuevo universo. Al principio, me sentía raro, cuestionando todas mis decisiones hasta ese momento, pero luego todo cambió. La conexión que se creó, la intensidad del momento, me hizo entender que a veces los placeres más intensos vienen de los lugares más inesperados. Desde entonces, no puedo dejar de pensar en eso. Es como si hubiera desbloqueado un nuevo nivel de intimidad que nunca había imaginado, y ahora no puedo volver atrás.
Lo peor (¿o lo mejor?) es que, después de esa experiencia, cada vez que estoy con alguien nuevo, siento esa curiosidad casi obsesiva. Como si mi cerebro ya no pudiera evitar preguntarse cómo sería repetirlo. ¿Alguien más ha pasado por esto o soy el único que descubrió esta especie de “puerta prohibida” y ahora no puede cerrarla?