Estoy perdido en mis pensamientos, como un paciente sin diagnóstico en un pasillo frío. Dejarla ir es amputarme sin anestesia; cada recuerdo es una hemorragia interna que no cesa, un bisturí que corta en silencio. Ella es mi todo, y verla irse sin irse me provoca un dolor que no cabe en el pecho, una taquicardia que parece necrosis del alma, un colapso respiratorio en cada suspiro. Duele ver cómo su interés por mí murió en silencio, como una célula que deja de replicarse, mientras yo sigo latiendo por ella en arritmia, escribiendo cartas que son autopsias de mi amor, ocultando que me estoy desangrando por dentro para que no vea que ya soy cadáver sin ella.