"Cuando no hubo duda de que el cerrojo de la puerta fue hecho adecuadamente, la luz innatural del cuarto se difundió en todas las direcciones como una infección. La penumbra fue disuelta ante un simple interrumptor, posibilitando que el Emperador de Vollachia divise amenazas ocultas.
Sus dos ojos abiertos, con tanta atención que haría verlo loco, escudriñaron las esquinas y recodos. Puntos ciegos que un incauto dejaría disponibles por su incapacidad y confianza ciega.
Decenas de minutos pasaron en los que no advirtió secreto alguno. El amanuense de la cautela escribió notas en su cabeza. Recordando cada objeto en su sitio, y la forma de sus sombras ante el débil foco del techo.
Viéndose supuestamente salvo, se sentó en la cama para desvestirse. Solía haber un encargado a parte para esa tarea en su Palacio, por lo que torpemente casi desgasta sus zapatos con sus propios tirones forzados. No tenía un pie atascado en el lodo, y aún así se hundía en un pantano.
Camisa puesta y pantalón ajustado, Vincent se acomodó en esa cama previamente investigada. No con los dos ojos cerrados, dada las sospechas interiores, sino con uno de sus ojos abiertos gracias a su habilidad entrenada por años.
Quiso intentar descansar. Puede que lo necesitase de verdad con los pocos días de sueño que ha tenido durante la reconstrucción de su Patria.
Si sumasemos el prolongado tiempo de visionado al que se le hubo expuesto, con esos glóbulos oculares acostumbrados al mundo factil, estaba el peligro de hacerse daño. Un daño real a sus retinas resecas.
-"......."
A riesgo de sufrir ese castigo, Vincent mantuvo fija su mirada al techo.
En un inepto intento de no pensar, deseó que el blanco de esa superficie absorbiese las películas de su cabeza. Que acallase a la paranoia de su mente, amontonada en teorías consecutivas a las que deseaba destruir una a una.
-"Cap 5: El fuego que nos separó, el veneno que nos unió"