──────/el ocaso abrazaba el cielo, colando suavemente los últimos rayos de sol por los ventanales de la oficina, la cual por cada segundo que pasaba se vaciaba aún más; quedando, a última instancia, dos pobres almas en sus paredes. él, por su parte, terminaba de guardar sus pertenencias en el maletín; pero al ver de reojo que cierta compañera aún se encontraba en labores, decidió acercarse, sigiloso. ¡bú! /atrapó los hombros de la jovencita entre sus palmas, acercando su rostro por el lateral, intentando asustarla. ¡milla-chan! ya es tarde, ¿qué haces trabajando..? se supone que salimos a las cinco. hoy abrió un nuevo café, ¿quieres ir? dí que sí, vamos, vamos, vamos. /insiste, zarandeando suavemente la figura ajena.