── Bueno, eso no... sabe mal. ── diría tras varios segundos en silencio, saboreando aún las migajas de galleta que yacen entre sus labios. Si pensaba bien, eran un buen acompañante entre sus ratos de té o cuando quería café. Se inclinó un poco, observando cautelosamente todo lo que estaba entre la mesa, formándose una sonrisa en los labios del albino. ── Sora-kun, de casualidad... ¿podría encargarte una orden de galletas? Puedo pagarte.