Tus ojos cristalinos, azules de la pena, no muestra ninguna sorpresa mientras tanto de explicar que ya estoy satisfecho.
Y te lo cuento mientras las mariposas se arremolinan en mis entrañas, flotan desde mi esófago hasta mis intestinos. Lo que no te puedo contar es que eso me da cosquillas, y me hacen sentir gracioso (igual que el día en cuál nos conocimos)
Me quedo sin palabras y no puedo gesticular con las manos, me congelo cuando suspiras y señalas cuánto te asquea mi ego y mi autoestima.
Pero obviamente no te he contado que desde que no estás, todos mis sueños son contigo. Sueño como caminamos bajo el firmamento, y desafiando las leyes de la lógica nos elevamos hasta la cúpula del mundo, y viendo las estrellas es que me fuerzo a despertar en mi cama como si eso hubiera sido una pesadilla, carcomiendome el resto del día las últimas palabras que me dijiste antes de despertar; que son las mismas que me dijiste hace tantísimo tiempo: Una promesa, con tu mano en el corazón “Nada volverá a salir mal.”
... Al menos podrías prometerme ser amable conmigo mientras juegas con mi corazón.