sere-nados
Caminaba a la par de la pelinegra luego de que su pequeño acto malicioso hubiera dado frutos. Se sentía culpable, si, pero ha decir verdad es que muchas veces el pequeño pelinegro observaba en la fémina lo que pudiera ser una verdadera figura materna y, aunque gracias a su intelecto reconocía no era una actitud noble, no podía evitar sentirse celoso de que él tuviera que limitarse a observar a madre e hijo interactuar. Amaba a su padre, por supuesto que lo hacía, pero también era un niño y.. sólo deseaba conocer cómo se sentía tener una mamá. Con aquel pensamiento en mente logró concretar su cometido, teniendo a su lado a la mayor. Iban de puerta en puerta tocando y recibiendo dulces en su calabaza, sin embargo, había notado cómo de reojo más de algún ojo curioso observaba a la asiática, provocando que arrugara la nariz. Ahora comprendía el porqué su amigo actuaba de esa forma con su padre. Suspira desganado una vez salen de una casa y regresan a la acera.
sere-nados
──¿mh? ──eleva los ojos una vez la voz de la dama es quien lo trae de regreso a la realidad fuera de sus pensamientos no tan positivos; una sonrisa ladeada surca por sus labios al notar las acciones de ella, riendo por lo bajo en el proceso ──no, la verdad me he divertido mucho esta noche con usted señorita Chloe, sólo que.. quizás usted no esté del todo divirtiendose ──expone ligeramente tímido por tener que revelar sus inquietudes con la mayor pues no era algo que soliera hacer seguido, ni siquiera con su padres pues siempre buscaba no darle muchos problemas con sus actitudes ──quería pasar la noche con Zen y mi papá y yo la he hecho caminar más de lo normal..
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ella-vestal
@sere-nados ──¿Pasa algo, Logan? ──interroga la mayor al escuchar su suspiro, inclinándose para verle mientras acomodaba los mechones que caían junto con la inercia de su cuerpo. Una sonrisa suave que le invitaba a hablar, mientras su mano reposa en su espalda. Al igual que aquel, tampoco sentíase del todo cómoda con aquel disfraz, básicamente pasándosela la noche con la capa cubriendo cada centímetro de su cuerpo todo lo que fuera posible, sin embargo el viento repentino muchas veces le había jugado en contra. ──¿Capaz te dieron dulces de abuelo? ──indaga bromeando, husmeando la calabaza llena de caramelos del infante, apresurándose a sacar una tableta de chocolate escondida bajo la tela que la cubría, la cual abandona dentro de la canasta infantil. ──No le digas a Zen que yo te lo di, sino se pondrá celoso.. ──bromea.
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