Héctor Orton Croix, de treinta y seis años, reside en el imponente Château de Montresor en Francia, donde ha construido una vida marcada por la disciplina, el poder y la elegancia. Alto, de piel trigueña y complexión musculosa, lleva el cabello trenzado y recogido, acompañado de tatuajes que cuentan su propia historia. Sus ojos negros, intensos y penetrantes, revelan la seriedad de un hombre que aprendió a sobrevivir desde joven. Siempre viste de negro, con un estilo sobrio y elegante que refuerza la imagen de autoridad que proyecta en cada espacio que ocupa. Profesor de literatura en la universidad, empresario en la industria química y dueño de Undress Enterprises, una agencia de modelaje reconocida en Francia, Héctor ha demostrado que su éxito es fruto del esfuerzo y la determinación, no de la fe que alguna vez lo marcó en su niñez.
Su vida, sin embargo, esconde heridas profundas. Nacido en Sudáfrica en una familia de escasos recursos, fue expulsado de su hogar por su orientación sexual y vivió de primera mano el rechazo de la religión que lo formó. Ex pastor y viajero del mundo, dejó atrás un entorno tóxico para abrirse camino en una vida donde la auto-suficiencia y el control son sus pilares. Bisexual y marcado por relaciones fallidas, ha tenido sumisos en su vida íntima, pero ninguno que realmente lo llene. Su orgullo y su temor al compromiso emocional lo mantienen distante, incluso de sus cuatro hijos, con quienes conserva un lazo frágil pero presente. Aun así, Héctor persiste en su propósito: dejar un legado a través de su agencia, ayudando a personas con baja autoestima a descubrir la seguridad que él mismo construyó a base de sacrificios.
Decidido a vivir lejos de la religión que lo rechazó, Héctor se concentra en expandir su agencia y en fortalecer la imagen imponente que lo distingue. Sin embargo, bajo esa coraza de control y orgullo, permanece la búsqueda silenciosa de una conexión que logre darle sentido a lo que tanto ha construido.