Hubo días en que escribir significaba quedarme demasiado tiempo conmigo. Y no sentía que estar mucho conmigo misma era un lugar seguro. Las historias seguían llamándome, pero yo apenas podía sostenerme, mucho menos sostenerlas a ellas.
Me alejé no por falta de amor, sino porque la pena me ganaba el pulso
y cada palabra pesaba como si fuera la última. Aun así, nunca dejé de pensar en volver. Solo estaba aprendiendo a no quebrarme en el intento.
Las páginas me esperan. Yo también. Por favor, espérenme a mí, porque claro que pienso volver.