Leeríais un capítulo así: Abrí los ojos con dolor. La habitación estaba en penumbra. Sentí la cicatriz en mi abdomen,
el ardor, el vacío.
Me giré y la vi.
Clara estaba despierta.
Sonreí, débilmente.
—Hola, preciosa...
Ella frunció el ceño.
—¿Quién eres?
Mi cuerpo entero se quedó helado.
—¿Qué?
Ella me miró con confusión.
—No sé quién eres.