recordarás que, en algún instante de nuestra charla, te dije con sutil ironía que cruzarte en mi camino era sin duda una forma de mala suerte «más hoy» debo admitir que, si este desvelo compartido y esta cautivadora perturbación son la condena, acepto gustoso mi trágico destino. aquella madrugada donde le robamos horas a la noche para volcarnos a una complicidad tan genuina permanece grabada en mí como un refugio de altísima belleza. disfruté cada instante de esa tregua nocturna, de la vulnerabilidad que se desplegó entre los dos mientras el resto del mundo desvanecía.