s-sempiternos
E v a ;
El sol de la tarde parecía caer de forma engañosa, casi viéndose como si los rayos del mismo se negaran a terminar de ocultarse. Los antes pronunciados destacaban aún más entre las abundantes ramas y hojas de los árboles que llenaban el jardín de pureza y plenitud. Eran su adoración, su lugar favorito. Eva pensaba que, despues de su familia, era lo más preciado que tenía junto con aquellas preciosas flores que se esforzaba tanto por cuidar.
Dejando de lado los obsequios o el estilo de vida que solía ofrecerle Antenor, podía decir con firmeza que ese, en efecto, era su favorito. La tranquilidad plena de la naturaleza, aquel mundito de fantasía que te hacía admirarlo por horas y estar más que seguro que el único intruso en su belleza no se trataba de otro más que la humanidad.
No solía desconfiar de muchas personas, muy poco solía demostrar la inquietud al presentir la malicia de un ajeno, sí, podía creer que todos tenían bondad en su interior, pero eso no significara que fuera ingenua y he allí la razón por la que no permitía la intrusión de cualquiera en el jardín, su jardín, y su esposo respetaba eso. No cualquiera podía darle el mantenimiento que conllevaba tal terreno, no cualquiera podía ir a llevarle jugo o cualquier otro alimento, simplemente, no cualquiera tenía su permiso para estar allí. Ni siquiera el prometido de su hijo.
Sin embargo, ahí estaba, observando con genuina dulzura como aquella mata de cabellos rubios parecía camuflarse entre los girasoles que adornaban parte del rosal; el rojo de las rosas entrelazado con el amarillo de los girasoles daba un aspecto casi mágico a su semejanza. Una pequeña risa escapó de sus labios, casi rozando la picardía. Por su mente pasó un breve destello de que ambas flores identificaban a su hijo y ahora aquel no tan inusual amigo que habia vuelto a su vida.
flxwerdesire
@s-sempiternos Tan melancólica fue su pronunciación, un susurró apenado y una firmeza que buscaba ser escuchada. Los problemas o demás alrededor de él con esa familia no tienen nada que ver con la bondad de Evangeline. Alistair conocía de ella ante la pequeña información que empezó a expandir, no parecía del tipo de mujer que se esté involucrando en los negocios y por un momento no lo creyó, pero con solo verla fue suficiente para darse cuenta que esa era la verdad. Quizá era una debilidad propia, pero no podía atreverse en algo contra ella para beneficiar a los suyos, a él mismo; así como tampoco podía utilizar con toda la intención los datos que soltó de Damián, quizá podría para molestarlo, pero no como algo serio. Habrán sucedido muchos eventos en su camino, pero no iba a empezar a aprovecharse del error de esa mujer. Debió darse cuenta cuando de entrometido se metió a tantos lugares sin la supervisión de nadie, pero todos parecían demasiado atentos como para evitar que pueda colocar un solo pie en aquel lugar especial. ¿Cómo saberlo? Evangeline recién le hablaba como si fuese alguien más de quién es en realidad, quizá fue obvio cuando se cruzaron por primera vez y creyó notarla tan extrañada al escuchar su nombre, quién era para su familia. Se levantó despacio al soltar la mano de Evangeline. Si hay algo que continúa amando son las flores libres de impurezas, cuidadas, aquellas que siempre podrán volver a renacer tan o más bellas que nunca; puede darse cuenta del aprecio de ella hacia su jardín y, si lo confundió con alguien más para darle el pase, no va a ser él quien manche un espacio tan puro.
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flxwerdesire
@s-sempiternos —¿Y… ? —la incitó a continuar. Su voz sonó tan inocente, curiosa, incluso con aquel atisbo de preocupación por esas anécdotas, pues con esos mismos sentimientos sus manos abrazaron la ajena en lo que pareció ser un silencio consuelo compartido, alejándola de la privación que pretendía ella al cubrir sus labios. Al darse cuenta de su propia acción, Alistair sonrió con un ligero nerviosismo, alejando su mirada antes de soltar un par de risas al volver a verla. —Puede ser un pequeño secretito entre nosotros dos —sin soltar la mano de la mayor, colocó el índice de su zurda entre sus propios labios. El privado «shh» se unió al inclinarse hacia ella, tal cual se tratase de un jueguito compartido o una travesura que recién se iba cocinando. —Si Ian se entera… ¡lo compensamos con uno de esos chocolatitos rellenos! —no pudo evitar taparse la boca al pegar aquel gritito emocionado, casi avergonzado ante su propio impulso cuando se supone todavía andaba murmurando—. Aunque me podrían ganar los ánimos por ponerle a él un poco de chocolate en la punta de la nariz o en toda la carita que se carga, si le gusta taaanto, no debería molestarle —rió cómplice al confesarle sus ideas; por un momento incluso el suave calor subió a sus mejillas al imaginar a Damián con el rostro manchado de chocolate por sus propias manos. Cerró los ojos con fuerza, le estaba empezando a molestar la cabeza. —Aunque… Creo que antes debe saber que… se está confundiendo de persona —sus labios se fruncieron incómodos, le costó confesar ello; pero no quería mentirle a esa mujer confundida—. Si fue por ello que me permitió disfrutar de su bello jardín… prostite menya.
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flxwerdesire
@s-sempiternos Fue ante la afirmación ajena de aquel hecho que Alistair abandonó su ensoñación. Sus ojitos parpadearon incrédulos ante la sola idea de imaginar llorando a Damián. ¡Es verdad! Ella debe ser en verdad la madre de él. Si los ve bien compartían cierto parecido en los rasgos, incluso en algún gesto, como ese pequeño movimiento de sus párpados cuando parecen añorar algo. Ni siquiera sabe en cuál momento se fijó tanto en un gesto que podría pasar tan desapercibido; de por sí era difícil notar que ella se veía más suave mientras que Damián siempre le pareció, incluso, demasiado expresivo. Sí, ese rostro se movía de una y mil maneras que podría escribir numeradas cada una de ellas en distintas situaciones, pero a pesar de ese hecho, era difícil encontrar entre todas aquellas opciones una donde lo encuentre llorando y más en aquel jardín. Sin querer, de soslayo su mirada viajó por el escenario, cada rincón visible sin poder creer que alguno de esos lugares pudo haber estado alguien tan excéntrico, dejado ahí como nada más que un cachorrito abandonado esperando fielmente a un supuesto dueño que volvería por él.
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