frwxoz

10 de septiembre. 🎗️
          	 Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
          	
          	Septiembre trae ese frío raro en el pecho, ese que nos recuerda todo aquello que tantas veces callamos porque pensamos que a nadie le importa, que nadie entendería o que somos los únicos cargando con este desorden por dentro.
          	
          	Hoy es un día para hablar de lo que muchas veces permanece en silencio. Para recordar que detrás de una sonrisa puede existir una batalla que nadie conoce, y que pedir ayuda no es una señal de debilidad. A veces, simplemente significa que alguien está cansado de cargar el mundo a solas y necesita que otra persona le ayude a sostenerlo.
          	
          	Si alguna vez te ha tocado sostenerte con las manos temblando, sonreír durante el día y sentir que todo pesa demasiado cuando llega la madrugada… respira.
          	
          	No tienes que fingir que estás bien todo el tiempo. No tienes que tener las palabras correctas. No tienes que atravesarlo todo en silencio.
          	
          	Y también están quienes ya no están.
          	
          	Quienes se fueron dejando preguntas que quizá nunca tendrán respuesta, espacios vacíos en las mesas, nombres que todavía duelen y recuerdos que aparecen cuando menos se esperan.
          	
          	Sus ausencias duelen.
          	Sus historias importan.
          	Y merecen ser recordados con amor, no solamente con silencio.
          	
          	

frwxoz

@ frwxoz  Nadie te pide que hoy tengas todas las respuestas. A veces se trata únicamente de atravesar estas horas, de dejar que alguien se acerque, de pedir ayuda, de hablar aunque la voz tiemble, de permitir que alguien te acompañe mientras el dolor pesa un poco menos.
          	  
          	  Porque, aunque ahora no puedas verlo, todavía existen mañanas que no conoces, canciones que aún no has escuchado, lugares que todavía no has descubierto y abrazos que quizá todavía están esperando encontrarte.
          	  
          	  Si estás leyendo esto y alguna vez has habitado ese vacío, si has visto a alguien querido atravesarlo, o si simplemente has sentido que la vida pesa más de lo que debería.
          	  
          	   tu dolor importa. Tu historia importa. Y tú importas. 
          	  
          	  Hoy, 10 de septiembre, recordemos a quienes se fueron, acompañemos a quienes siguen luchando y, sobre todo, aprendamos a escuchar antes de que alguien tenga que gritar en silencio que necesita ayuda.
          	  
          	   Hablar puede salvar una vida. Escuchar también. 🎗️
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frwxoz

10 de septiembre. 🎗️
           Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
          
          Septiembre trae ese frío raro en el pecho, ese que nos recuerda todo aquello que tantas veces callamos porque pensamos que a nadie le importa, que nadie entendería o que somos los únicos cargando con este desorden por dentro.
          
          Hoy es un día para hablar de lo que muchas veces permanece en silencio. Para recordar que detrás de una sonrisa puede existir una batalla que nadie conoce, y que pedir ayuda no es una señal de debilidad. A veces, simplemente significa que alguien está cansado de cargar el mundo a solas y necesita que otra persona le ayude a sostenerlo.
          
          Si alguna vez te ha tocado sostenerte con las manos temblando, sonreír durante el día y sentir que todo pesa demasiado cuando llega la madrugada… respira.
          
          No tienes que fingir que estás bien todo el tiempo. No tienes que tener las palabras correctas. No tienes que atravesarlo todo en silencio.
          
          Y también están quienes ya no están.
          
          Quienes se fueron dejando preguntas que quizá nunca tendrán respuesta, espacios vacíos en las mesas, nombres que todavía duelen y recuerdos que aparecen cuando menos se esperan.
          
          Sus ausencias duelen.
          Sus historias importan.
          Y merecen ser recordados con amor, no solamente con silencio.
          
          

frwxoz

@ frwxoz  Nadie te pide que hoy tengas todas las respuestas. A veces se trata únicamente de atravesar estas horas, de dejar que alguien se acerque, de pedir ayuda, de hablar aunque la voz tiemble, de permitir que alguien te acompañe mientras el dolor pesa un poco menos.
            
            Porque, aunque ahora no puedas verlo, todavía existen mañanas que no conoces, canciones que aún no has escuchado, lugares que todavía no has descubierto y abrazos que quizá todavía están esperando encontrarte.
            
            Si estás leyendo esto y alguna vez has habitado ese vacío, si has visto a alguien querido atravesarlo, o si simplemente has sentido que la vida pesa más de lo que debería.
            
             tu dolor importa. Tu historia importa. Y tú importas. 
            
            Hoy, 10 de septiembre, recordemos a quienes se fueron, acompañemos a quienes siguen luchando y, sobre todo, aprendamos a escuchar antes de que alguien tenga que gritar en silencio que necesita ayuda.
            
             Hablar puede salvar una vida. Escuchar también. 🎗️
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frwxoz

Él tuvo una rosa.
          
          Una rosa que alguna vez sostuvo entre sus manos, pequeña y frágil, confiando en que él sabría cuidarla.
          
          Pero jamás supo regarla.
          
          Cada día intentaba quitarle una espina. Una, y después otra. Quizá pensaba que con eso bastaba para protegerla. Pero siempre dejaba pequeños trozos clavados entre sus pétalos, tan pequeños que apenas podían verse, pero lo suficientemente afilados para lastimar las manos de quien intentaba sostenerla.
          
          Y cada día salía sangre.

frwxoz

@ frwxoz  El primer jardinero, sin embargo, seguía creyendo que sabía lo que la rosa necesitaba.
            
            Le decía cómo debía crecer.
            
            Le señalaba sus hojas.
            
            Criticaba sus pétalos.
            
            Le decía que debía ser más bonita, más fuerte, más perfecta.
            
            Pero nunca se detenía a preguntarse por qué algunas de sus hojas habían caído.
            
            Nunca miraba las manos de la dueña.
            
            Nunca veía las cicatrices que habían quedado después de tantos años de intentar sostener aquella rosa.
            
            Y lo más triste era que la rosa no necesitaba demasiado.
            
            No necesitaba un jardinero perfecto.
            
            Solo necesitaba agua sin que la inundaran.
            
            Sol sin que la quemaran.
            
            Cuidado sin que doliera.
            
            Unas manos que pudieran acercarse sin arrancarle otra espina.
            
            Pero él nunca aprendió a regarla sin hacerla marchitar.
            
            Y la dueña, después de tantos años, terminó entendiendo algo que jamás quiso aprender:
            
            una rosa puede querer a su jardinero y aun así dejar de acercarse a sus manos.
            
            Puede recordar con cariño el lugar donde alguna vez quiso florecer y, aun así, decidir crecer lejos de él.
            
            Porque no fue la rosa quien dejó de necesitar amor.
            
            Fue el jardinero quien nunca aprendió a cuidarla.
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frwxoz

@ frwxoz  Entonces apareció otro jardinero.
            
            Él no llegó prometiendo que la rosa sería perfecta. Simplemente se quedó.
            
            Le echaba tierra cuando la necesitaba. La protegía del sol cuando era demasiado fuerte. Se aseguraba de que tuviera un lugar donde pudiera seguir creciendo.
            
            No podía borrar las espinas que ya habían lastimado sus manos.
            
            No podía devolverle los pétalos que habían caído.
            
            Pero estaba ahí.
            
            Y quizá eso fue lo que la rosa necesitaba durante tanto tiempo, no alguien que prometiera cuidarla, sino alguien que realmente permaneciera a su lado.
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frwxoz

@ frwxoz  La dueña de la rosa aprendió a reconocer esas heridas. Aprendió a limpiarse las manos sola, a retirar uno por uno los pequeños pedazos de espina que habían quedado en su piel. Nadie corrió a curarla. Nadie tomó sus manos para preguntarle cuánto le dolía.
            
            Así que lo hizo sola.
            
            Con el tiempo, dejó de esperar que alguien llegara.
            
            Aprendió a vendarse las heridas mientras la rosa seguía allí, creciendo como podía.
            
            A veces parecía marchitarse.
            
            A veces sus pétalos perdían el color y caían lentamente, uno por uno. Y aun así, la dueña seguía intentando mantenerla con vida.
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frwxoz

Dejé la escritura durante dos años porque mi corazón y mi mente ya no podían imaginar historias de amor cuando la mía había terminado. Volver no fue fácil me costó más de lo que imaginé. Pero, después de tanto tiempo, aquí estoy otra vez, escribiendo, sanando y haciendo lo que siempre amé.