—Ah, el joven Tobie. Es un estudiante... atípico. Su disciplina es aterradora y sus calificaciones en táctica y combate son las más altas en la historia de la academia. Sin embargo, su tendencia a la "invisibilidad" social es algo inquietante. A veces olvidamos que está en la habitación.
Gómez soltó una carcajada sonora, golpeando su rodilla.
—¡Ese es mi muchacho! ¡Un depredador silencioso! Seguro que cuando se entere de que su prometida finalmente se une a él, le encantará la noticia. ¡Daría mi brazo izquierdo por ver su reacción!
En ese preciso instante, la temperatura de la habitación pareció bajar un par de grados. El aire se volvió denso, cargado de una autoridad silenciosa que nadie había detectado entrar.
—Surprise, suegro.
La voz era un susurro gélido, distorsionado ligeramente, que emanó directamente de la sombra detrás del sillón de la Directora Weems.
Larissa Weems dio un respingo violento, casi volcando su té, mientras se giraba con el corazón acelerado. Allí, apoyado contra la pared que hace un segundo estaba vacía, se encontraba una figura envuelta en una túnica negra azabache, con la icónica máscara de Ghostface devolviendo una mirada vacía y letal.
Tobie no se había movido, pero su presencia conectada dominaba el espacio. Merlina, que no se había inmutado por el susto de la directora, permitió que una comisura de sus labios se elevara un milímetro. Sus ojos brillaron al ver el traje; esa oscuridad táctica era el lenguaje que ambos hablaban.
—Impresionante uso del Velo de la Noche, Tobie —dijo Merlina con una calma cortante—. Has mejorado tu latencia de pulso. Ni siquiera yo percibí tu intención de ataque.