— hey, perdón.. ¿no lo voy a volver a hacer, si? cálmate.. — susurró con un tono calmado, procurando contagiar al cuerpo impropio con este antes de alterarlo más; ya era una faceta habitual, debería tener reservado el puesto a la serenidad con un ticket de fecha expirada.. solo es una pequeña inconveniencia. el ilustrador le propinaría miles de boletines más, si eso significaba que el otro descansara su psique. — estoy bien, lo juro. no duele. — asintió permitiendo el tacto depositado para que el contrincante lo compruebe y su temperatura corporal disminuya; pero no impidió la presión de una curva mínima que se esbozó en sus labios.
es.. hermoso ser querido. hizo eso en búsqueda de una solución para el de cabellos tan indemnes como un roble, cubiertos en hojas que perdieron su tinte colorido para regalarlo a esos orbes, aquellos que admiraba con tanta frecuencia. ya sea directo o lejano, todo le atraía a él..
o de. NO radica en diferencia para este mancebo enamorado.
— prometo que no lo haré. — no era una promesa viable o con capacidad de propagar la confianza, pero era suficiente para aclarar su renovado comportamiento sumido en obediencia; ¿porque qué era de un devoto si no servía a su Dios? ya se mató sus puños como ofrenda, ahora continuaba el ritmo de la memoria sagrada y ordenada; la que profesa, muda, que todo secreto sería guardado aquí. en ese santuario de sensaciones recíprocas. — ... ok, ¿entonces muevo la cama? o traigo la silla, así llegas porque no creo que veas algo desde aquí arriba como yo.. — dirigió sus iris a su escritorio; sin comprender el espectáculo del varón, para nada.