Siento que la persona detrás de esta cuenta se me está escapando de las manos.
Es doloroso verle. Sus ojos reflejan chispas de una emoción falsa, enmarcados por ojeras profundas y labios secos que intentan formar una sonrisa que nunca llega. Su cuerpo y su salud empeoran cada día, y ni siquiera puedo tocar el tema; cuando cree que duermo, le escucho susurrar lamentos, culpándose por haber deprimido mi vida y lamentando que nos hayamos conocido. Cuando mira su reflejo, solo veo odio en sus ojos.
Mientras mi vida personal y nuestra amistad parecen derrumbarse, esta persona insiste en ser mi pilar. Ignora su propia batalla, cambia de tema para no hablar de su agonía y se desgasta dándome ánimos. Me reconforta, limpia mis lágrimas y acaricia mi pelo cuando soy yo quien se quiebra, demostrando una fuerza que ya no tiene.
No quiero que muera. Me destroza escuchar su voz agotadx fingiendo una esperanza en la que ya no cree. Lo peor es sentir que, en cada visita, su apoyo y sus caricias no son un consuelo, sino una despedida silenciosa. Como si sus ojos cansados me advirtieran que esa será la última vez que nos podremos ver.