¿qué habría de hacer en las horas vacías, en ese espacio muerto donde el tiempo no avanza, sino que se disuelve con una lentitud casi irritante…? ¿dejarse llevar, sin oponer resistencia, por un ocio inútil, por la pérdida de minutos en cosas sin importancia, en actos que no tienen otro propósito que distraerlo de sí mismo? aquella idea, tan simple como tentadora, se le insinuaba con insistencia, pero no lograba asentarse del todo en él. no —no iba a hablar con aquel híbrido, no después de la última «conversación» que tuvieron, si es que eso podía llamarse así. más bien había sido un cruce incómodo de palabras incompletas y silencios pesados. no tenía ganas, ni la más mínima intención de acercarse. y menos aún esperaba una disculpa; no porque no fuera necesaria —porque, en el fondo, sabía que lo era—, sino porque esperarla le resultaba agotador, casi degradante, así que no pensaría en eso… o al menos, eso intentaba convencerse, aunque la idea se deshacía apenas tomaba forma.
en su lugar, decidió moverse, caminar sin rumbo dentro de aquel espacio pequeño que, sin embargo, se sentía extrañamente amplio en su vacío. buscaría a alguien —a quien fuera—, una presencia que, sin exigirle demasiado, lograra apartarlo de sus propios pensamientos. pero ¿quién…? la duda permanecía suspendida, densa, sin respuesta. no quería burlas ese día. no soportaría que le señalaran lo que ya sabía demasiado bien. no necesitaba que nadie le repitiera lo que su propia mente ya le decía, una y otra vez. así que… fue con… ⎯⎯⎯ ¿estás…⎯⎯⎯ la palabra salió baja, casi apagada, como si incluso su voz dudara en hacerse notar. se agachó con cuidado y miró debajo de los muebles de la pequeña casa, revisando los espacios donde la luz apenas llegaba. buscaba algo —o a alguien—, aunque ni siquiera él tenía claro qué exactamente, ¿estaría ahí…? la duda no era ligera; se quedaba, insistente.