Los seis ojos no detectan amenazas cerca a él, no hay energía maldita fluctuando, no hay rastro alguno de maldiciones, solo una inquietante tranquilidad. Por sí solo, el sitio le causa mala espina al hechicero; no baja la guardia a pesar de paz que reina.
Sus pies siguen un camino sin rumbo, no hay una ruta a la cual seguir… por ahora. Tenía que investigar, buscar a sus lindos alumnos o a su que oponente que claramente va a vencer.
Los pensamientos se detuvieron al notar algo familiar como inesperado: paro en seco. Su cuerpo se tensó al instante, escalofríos recorrieron su columna al sentir aquel sentimiento de impotencia y dolor. Los recuerdos del hechicero milenario y su estúpido cubo, el como usurpó el cuerpo de Suguru.
Su dientes rechinaron; pero reconoce algo diferente, un singular presentimiento se aloja en su pecho.
⠀ ⠀⠀ ──────── Que mierda. / soltó a la mera nada. el tacón de su bota resonó contra el suelo cuando se desplazó hacia aquel rastro de energía que reconocería en cualquier lugar, sus piernas por sí solas se movían a una velocidad y sentía su corazón retumbar contra su pecho.
Desde lejos visualizó la figura alta, que irradia energía maldita a su alrededor. A pocos metros, lo admiro: el estúpido traje de monje de tonos oscuros, sus orejas dilatadas y una máscara de gentileza. ¿El impostor? Satoru no está seguro, sus ojos lo ven ahí… parado ante el, aún si su corazón no cree lo que ve.
⠀ ⠀⠀ ──────── Creí que el payaso se había encargado de ti. / escupe. ¿Acaso tengo que terminar su trabajo yo? / el tono usado es seco, poco habitual de el, sus dedos se encorvan en aquella posición familiar, advirtiéndole al contrario.