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— ¡Cuidado! — vociferó la muchachita rusa, siguiendo a su perro lo más rápido posible, intentando frenarlo antes de que causara más caos del que estaba dispuesta a arreglar. El cánido por su lado hacía oídos sordos a los llamados de su dueña, echándosele encima al muchacho de piel morena que fumando se encontraba.