A veces pienso que el dibujo y la escritura son un reflejo de mi vida en general. Paso las 24 horas del día pensando en ideas para mis historias, cómics o dibujos. El trabajo, en comparación, me resulta muy aburrido: si no me tomo una bebida energética, paso el tiempo bostezando sin parar. Mi mente siempre necesita estar ocupada en algo, así que la mantengo entretenida imaginando mundos ficticios. Aunque, la verdad, esto también hace que a veces me distraiga bastante.»