Por una fracción de segundo, pensó en decir algo.
Lo que sea— cualquier cosa que pudiese aliviar ese repentino nudo que ahora se sentaba en su pecho y parecía apretarse con cada palabra que fluía en aquella conversación. Era asfixiante.
Podía sentir las palabras amontonándose en su garganta de una forma grotesca; añorando, protestando, haciendo lo que sea para forzar su salida incluso si era manifestada como un sonido sin sentido alguno. Su mente luchaba arduamente por mantenerla rígida contra los impulsos frenéticos del espíritu, e incluso así, parte de su sentido común marchitaba ante el grito del reconocimiento siendo amortiguado por el olvido que se le fue incrustado.
—Yo… —ahogó las palabras en su garganta, aniquilando cualquier posibilidad de humillación—. Ah… Nada. Olvídalo.
El repentino cambio de conversación no le sorprendió; pero no significa que le gustó, tampoco.
En parte, le frustraba. ¿Estaba jugando con ella? ¡No podía tan sólo llevarla al borde de una revelación así y abandonar el hilo de la charla! Y aún así, no podía evitar preguntarse si era lo mejor. ¿Él también lo habrá sentido entonces…? ¡Aquel empuje invisible, ese magnetismo que les unía juntos con fuerzas irreconocibles y…!
…Hah, realmente estaba cayendo en la locura.
—No te ilusiones —su voz, cual cántico de sirena, fluyó en sus oídos con una dulzura patógena—. Estaba intentando ser agradable, pero… Bueno, si gustas puedo dejarte con Luci. Seguramente, tendrán muchas cosas de las que hablar, ¿Hm? ♡︎
En un acto de rebelión contra su fachada de mujercilla pícara, sus orejas se vieron aplastadas contra su cráneo— dando la apariencia de un gato que se había encontrado bajo la implacable lluvia.
—No es como si nos conociéramos tanto, de todas formas.