Cómo duele mi Venezuela querida. Lamentablemente, no tenemos ni un solo día de descanso. Solo pido por todas esas familias que perdieron a un familiar; por esos que siguen bajo los escombros y tienen esperanzas de salir; por los que perdieron lo que con tanto esfuerzo les costó conseguir. Pido también empatía. Lo que está pasando no es un chiste: hay familias que perdieron seres queridos; personas que perdieron lo que, con mucho esfuerzo, sudor y lágrimas, les costó conseguir; y por los que tienen un familiar lejos. Oremos por Venezuela y unámonos para ayudar. Utilicemos las redes sociales para cosas buenas; ayudemos lo más que podamos. Nunca sabemos que con un poco de aporte, ayudamos más de lo que creemos.