A las escritoras cristianas:
No olvides tu misión.
Quizá Dios no te llamó a escribir solamente para que tu nombre aparezca en una portada, para tener miles de lectores o para vivir de tus libros. Quizá te llamó para contar historias que alguien necesita leer, para poner palabras donde otra persona no las encuentra, para hablar de esperanza en lugares donde parece que no queda ninguna.
Por eso, no abandones tu misión solamente porque el camino se está haciendo difícil.
No sabes quién puede encontrarse con Dios a través de una historia que todavía estás escribiendo. No sabes qué chica puede sentirse comprendida por un personaje que inventaste en una noche de insomnio. No sabes qué lector puede encontrar esperanza en una frase que para ti parecía insignificante.
Y quizá nunca llegues a saberlo.
Pero eso no significa que no haya valido la pena.
No escribas únicamente cuando tengas inspiración. No continúes únicamente cuando recibas aplausos. No midas el valor de lo que haces por las lecturas, los seguidores, las ventas o los comentarios. Esas cosas pueden ser hermosas, pero no son la medida de tu propósito.
Si Dios te llamó a escribir, sé fiel también en las temporadas en las que nadie está mirando.
Cuida tu don. Aprende. Mejora. Escribe. Descansa cuando lo necesites. Vuelve a intentarlo cuando falles.
Y si alguna vez quieres rendirte porque sientes que no estás llegando a ninguna parte, recuerda que tu misión no perdió valor solo porque todavía no puedas ver sus frutos.
Tal vez estás escribiendo una historia que todavía no sabes para quién es.
Escríbela.
Tal vez Dios quiere usar una parte de tu historia para acompañar a alguien en la suya.
Cuéntala.
Tal vez hoy sientas que tu voz es pequeña. Úsala de todos modos. Porque no necesitas saber hasta dónde llegará una semilla para obedecer a Dios y plantarla.
Sé fiel con el don que Él puso en tus manos. El fruto nunca estuvo completamente en tus manos.