Hoy, 1 de marzo, se cumplen 5 años desde que partiste, desde que el cielo ganó un ángel y mi corazón se rompió para siempre. Cinco años sin tu risa, sin tus abrazos, sin esa voz que con solo escucharla lo calmaba todo… Cinco años extrañándote cada día, cada segundo, con una ausencia que pesa más que el tiempo.
Cargaste con tanto dolor en esta vida, pero jamás dejaste de sonreír. Fuiste la mujer más fuerte, la guerrera que nunca se rindió, incluso cuando la vida no fue justa contigo. Tu corazón luchaba, aunque tu cuerpo ya no pudiera más… Y aún en los días más oscuros, encontrabas la manera de seguir adelante, enseñándonos que rendirse nunca era una opción.
Hoy me consuela saber que por fin descansas, que el dolor ya no te acompaña, que el cielo ahora es tu hogar y desde allí me cuidas como siempre lo hiciste aquí. Pero aunque sé que estás en paz, no puedo evitar echarte de menos con cada parte de mi alma. Porque tu ausencia duele, mamá… duele como el primer día.
Te prometo que cada paso que dé en esta vida será por ti, que cumpliré esos sueños que la vida no te dejó alcanzar. Hablaré de ti siempre, con orgullo, con amor… porque mientras yo viva, tú vivirás conmigo.
Hasta que la vida nos vuelva a unir, mándame tu fuerza desde allá arriba. Y cada noche, cuando mire al cielo, te mandaré un beso y un abrazo infinito.
Te amo con todo mi ser, mami. Siempre serás mi razón para seguir.