Ya pasó suficiente tiempo como para empezar a sentirme patética cada que lloro por Gabriel.
Tipo, solo era un amigo, solo me dejé de hablar con mi grupito de amigos, solo fue eso… ¿Por qué, diez meses después, me encuentro mentalmente destruida, todavía teniendo pesadillas, sin comer, sin dormir, cada día más vencida por el tabaco y la cafeína…? No era para tanto.
¿Verdad?