Me duele tanto el corazón y lo único que quiero hacer es sentarme a llorar y preguntarle a Dios cuánto más tenemos que sufrir como pueblo para por fin ver ese rayito de luz en esta inmensa oscuridad.
Cientos de muertos, miles de heridos y quien sabe cuántos desaparecidos sin contar las almas inocentes de los animalitos. Gente que se quedó sin el techo por el que lucharon años y años para poder tenerlo, para poder vivir medianamente bien.
El país con una deuda de más de 240 mil millones de dólares por petróleo el cual el pueblo nunca vio, y ahora está desgracia.
Si yo que estoy fuera mi tierra, me siento tan pero tan triste, no me imagino a aquellos que están allá.
Si hay paisanos aquí que se encuentren en Caracas o La Guaira, sepan que rezo por ustedes y que pido que está situación pueda mejorar pronto. En momentos así nadie es más que nadie y es ahora cuando más se debe de demostrar que entre nosotros mismos podremos salir adelante.