Buenas tardes y feliz año.
Sigo vivo, por ahora. También escribiendo, a ratos, sobreviviendo.
Me tomé un silencio largo, necesario. Ahora quiero saber algo simple: ¿quedan lectores ahí afuera?
Si quieren que continúe mis historias —América en otro mundo incluida— díganlo. Aún existen borradores, capítulos que no murieron.
No escribo por rutina, escribo por ustedes. Si están, sigo. Si no, cierro el cuaderno.
También escribí el futuro antes de que se atreviera a asomarse.
En mis páginas, Estados Unidos cruzaba fronteras, Venezuela ardía en silencio y el mundo miraba sin manos.
No fue profecía: fue literatura leyendo las grietas del presente.
Mis historias no adivinan, intuyen.
Y a veces la realidad tiene el mal gusto de parecerse a la ficción.