missionarygirl
si hay algo que a uno le molesta, son los niños que se nota que fueron criados de forma incorrecta, esos que te tratan horrible aún si tú eres la definición de cordialidad con ellos, y mireya no es excepción a la gente que se molestan con estos, podía verse en su expresión.
pasos firmes que resonaban con sus tacos, unos amarillos que combinaban con su vestido que llevaba unas flores rojas con hojas verdes como decoración, el cual le llega hasta un poco debajo de las rodillas, siempre veraniega, ropa que demuestra relajación... aunque su actitud no tanto ahora mismo, pues cojeaba un poco además.
— ay, estos carajitos están para darles un coñazo, dios me libre. — expresa una vez habiendo llegado donde su... amigo... crush... caleb. su particular forma de hablar indicaba querer darles una bofetada a esos niños para corregirlos (no es que fuese a hacerlo, pero la frustración... ya saben). — yo estaba comprando ahí unas arepitas porque tengo un hambre que ni te imagina y me dijo “salte ya, vieja bruja”, y me pateó en la pierna. — suspira, enseñando la marca que se fue tornando algo morada... no era un niño pequeño, eso estaba claro. — bendición caleb... mi amor, no te había saludado... — concluye, sentándose en una banca cercana por el cansancio.
kamikazeplayboy
ㅤㅤ ︻╦̵̵╤─ ܑ܊ܔܩㅤ@missionarygirl ͏ ͏ㅤ ▆¯ ͏ ͏ ⠀ ્᭄ ▊▍ ˖ ॱ oh, el choque cultural siempre será algo que una grata sorpresa será llevada pero sin duda algo que también a su vez he de aprenderse a apreciar con el pasar de los años y es así el caso entre este par que desde que tiene uso de razón que ella estuvo a su lado, y él no puede estar más que agradecido por ello. el conocerse desde hace ya un tiempo, por no decir que toda la vida, hizo que su cariño fuera más allá; sin importar qué. yizhou siempre estaría para su amada, su queridísima mireya. para protegerla y amarla. porque sí, sus sentimientos conforme el tiempo fueron floreciendo en lo que actualmente son, con esa calidez indescriptible depositandose sobre su pecho, estrujandolo y haciéndolo a su antojo. porque caleb pertenecía en cuerpo y alma a aquella chica tan cálida como la puesta de sol sobre las olas de la playa. ojos atentos observan el andar de la contraria, con una inevitable sonrisa surcando desde los rincones de su boca. era toda una caja de pandora, con sin fin de anécdotas qué contar y a juzgar por su expresión, no era nada bueno. pero era tan tierna a su vez que tuvo que controlar el impulso de fastidiarla. — sabes bien que puedes decirme quién fue y yo les daré su lección, pips — comenta con un tono suave, dulce inclusive aunque su expresión oscura había tornado pero era totalmente inofensivo. o al menos por ahora. xia yizhou era un cachorro cuando de su mejor amiga y el amor de su vida se trataba, es por ello que una vez que tomó asiento, se apresuró a seguirle hasta quedar con una rodilla sobre el suelo y la otra flexionada frente suyo, para asegurarse de que su pierna estuviera bien. — hey.. sí tú eres una vieja bruja, no quiero imaginar lo que pensarán de mí — dijo entre risillas, extendiendo entonces la punta de los dedos para acariciar la suave mejilla ajena. — ¿te duele? — cuestiona en un susurro, inclinando la cabeza hacía un costado.
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