si hay algo que a uno le molesta, son los niños que se nota que fueron criados de forma incorrecta, esos que te tratan horrible aún si tú eres la definición de cordialidad con ellos, y mireya no es excepción a la gente que se molestan con estos, podía verse en su expresión.
pasos firmes que resonaban con sus tacos, unos amarillos que combinaban con su vestido que llevaba unas flores rojas con hojas verdes como decoración, el cual le llega hasta un poco debajo de las rodillas, siempre veraniega, ropa que demuestra relajación... aunque su actitud no tanto ahora mismo, pues cojeaba un poco además.
— ay, estos carajitos están para darles un coñazo, dios me libre. — expresa una vez habiendo llegado donde su... amigo... crush... caleb. su particular forma de hablar indicaba querer darles una bofetada a esos niños para corregirlos (no es que fuese a hacerlo, pero la frustración... ya saben). — yo estaba comprando ahí unas arepitas porque tengo un hambre que ni te imagina y me dijo “salte ya, vieja bruja”, y me pateó en la pierna. — suspira, enseñando la marca que se fue tornando algo morada... no era un niño pequeño, eso estaba claro. — bendición caleb... mi amor, no te había saludado... — concluye, sentándose en una banca cercana por el cansancio.