Buenos días, tardes o noches. Ando más ocupada por mi regreso a clases, pero, al menos pude avanzar uno de los capítulos que yo considero más importantes con respecto al desarrollo amoroso.
Aquí paso el adelanto (es lo más propenso a cambiarse en mi corrección):
Por primera vez, ______ comenzó a trabarse con sus palabras ante él, mas no era por miedo. Su corazón latía rápido, no podía pensar con claridad y, de repente, la albina se paralizó al sentir los brazos del demonio rodeándola.
—No estoy molesto, así que cálmate —susurró mientras acariciaba su cabello con cuidado.
Las manos de la cazadora se alzaron temblorosas, aún con la duda acerca de si él no la apartaría con desconfianza; pero, al final cedió. Sus manos se aferraron a la tela del yukata que llevaba el más alto, pues había una parte de ella que comenzó a sentirse segura cuando estaba cerca de aquel demonio que un principio veía como insoportable.
—Quiero que tengas una vida tranquila, Akaza… Hakuji. Lejos de esto… lejos del control de Muzan. Como ahora, pero… para eso… yo… tengo que irme… lejos.
El pelirrosa se tensó tras esas palabras, eran casi como una despedida implícita.
—¿Piensas seguir con eso? —La tomó de los hombros, provocando que ella le devolviera la mirada—. No puedes prometer algo así como volverme humano, es imposible. Perderías el tiempo en el lugar al que te estás queriendo ir.
—Tengo a alguien que me podría ayudar. Incluso, si encuentro a mi padre, podré interrogarlo para saber si hay alguna posibilidad.
—Pero…
—No me pienso rendir, soy capaz de vivir tantos siglos como cualquier demonio… mientras haya algo de sangre, siempre podré mantenerme joven. Así que, aunque pasen otros cien años, encontraré la manera de volverte humano.
Otra pequeña pausa comenzó tras la confesión de _____ y los ojos de Hakuji se desviaron hacia el cielo estrellado.