Hoy hice la lista del mercado para prepararle la comida de una semana, hoy le preparé sus raciones y las metí a su mochilita, le metí sus medicinas, pañales y peinecitos, estaba de camino a verla y todo pasó de repente. Sabía que esto pasaría desde que tuvo que pasar mi cumpleaños en cirugía por segunda vez, sabía que cada que me preguntaban por pelu y solía responder que "por ahí" iba solo estaba amortiguando un vaticinio, sabiendo que los diagnósticos no apuntaban a tenerla mucho más tiempo
Fueron 12 años con ella y luego el cáncer llegó sin avisar, lo intentamos de todo y aún así veía como la iba perdiendo. Con cada intento guardaba la esperanza de tenerla un ratito más conmigo, sin embargo, al ver como luchaba para levantarse de su camita mi corazón se oprimía. Mi vida giró este año en torno a peluqui, viajando de imprevisto por varios días para exámenes de urgencia, noches en vela por su cuidado, días sin salir para no dejar de asegurarme que estuviera bien, recordatorios para darle sus medicamentos y mordidas porque no le gustaban, ya no podíamos llevarla a tomar un baño por lo débil qué estaba su cuerpito, cuántos dolores de espalda preparando por horas comida que se acabarían en menos de 3 días, los benditos malabares para que comiera.
Este año las prioridades dejaron de ser salidas o la ropa nueva, quería que todo se invirtiera en buscar su mejoría y al ver como después de meses volvía a jugar conmigo como cuándo era cachorra me aferraba a la esperanza. Hoy subí al carro creyendo que solo iría a dejar sus cositas para regresar terminado su internamiento a recogerla, nisiquiera me cambié el pijama, fui en pantuflas. Estaba somnolienta cuándo escuché que este último intento no daba resultado y supe que tenía que tomar la decisión de dejar de forzar las cosas y dejarla ir