Aquel día podía considerarse común, disfrutando de otra tarde en solitario ya que sus compañeros, incluído su hermano, no parecían estar cerca del negocio. No se quejaba, amaba pasarla solo, quizás porque así nadie reclamaría su desorden, o tampoco tener que oír quejas por la falta de agua y luz.
Habría puesto música de no ser por la ausencia de lo último, teniendo que conformarse con comer su chatarra favorita mientras veía el sol ocultarse a través de una ventana, esperando así, que una llamada interrumpa su aburrimiento. Bueno, era divertido estar solo cuando tienes qué hacer.
Cómo si algún Dios lo haya escuchado, fue capaz de oír el golpe en la puerta, alzando una ceja por la duda de quién podía ser. La rebanada de pizza seguía en su mano, se levantó y pensó en las personas que conocía, seguro de que ninguno de ellos ha de ser tan normal como para tocar una puerta. Su última teoría giraba entorno a la idea de un posible cliente.
─── Quien seas, solo se atienden llamadas ─── Comentó, algo de comida seguía en su boca. A la vez que abría para fijarse con quien lidiaba, realmente, sorprendiendose.
Parpadeó unos instantes, como si esperara una presentación ajena, lo cual terminó descartando. Antes de hablar, volviendo a llenarse de comida. ─── Amigo … ¿Nos conocemos? ─── No puede asegurar que se trate de alguien que buscaba sus servicios, o amigo de un conocido, tal vez, y aunque en un principio afirmó no tratar con quién esté afuera ( independientemente de la persona ) podía, en ocasiones, no ser fiel a sus palabras.
Apoyado en el marco de la puerta y de brazos cruzados, esperaba una respuesta con “paciencia”.